Qué está pasando realmente
En Teshie, un barrio costero de Accra, un cortejo fúnebre avanza por un camino de tierra al ritmo de tambores y cantos, no de silencio. Sobre los hombros de seis portadores viaja un ataúd tallado y pintado para parecerse, sin ninguna duda, a una enorme lubina: escamas, aletas, todo. El hombre que va dentro se pasó la vida pescando en esas aguas. Nadie entre la multitud encuentra el ataúd extraño ni gracioso. Para ellos, habría sido más raro enterrarlo en una caja de madera cualquiera, como si la forma concreta de su vida no importara.
Se les conoce como los "ataúdes de fantasía" de Ghana, o en lengua ga, abebuu adekai: literalmente, "receptáculos de proverbios". La tradición pertenece al pueblo ga, en la región del Gran Accra, y la idea detrás de ella es directa: un ataúd debería representar la profesión, la pasión, el estatus o el rasgo que definía a la persona que va dentro. Un pescador recibe un pez. Un piloto, o alguien que soñó toda su vida con volar, recibe un avión. Un jefe tribal puede ser enterrado dentro de un león tallado. Una costurera dentro de una máquina de coser gigante, el dueño de un bar dentro de una botella de cerveza descomunal, un agricultor de cacao dentro de una mazorca de cacao del tamaño de una canoa.
Buena parte de la popularización de esta tradición se atribuye a un solo carpintero, Seth Kane Kwei, a partir de la década de 1950. Según cuenta la historia, Kane Kwei construyó un palanquín ceremonial con forma de mazorca de cacao para que un jefe local lo usara en un festival próximo; el jefe murió antes de que llegara el festival, y fue enterrado en el palanquín en su lugar. Poco después, Kane Kwei construyó un ataúd con forma de avión para su propia abuela, que se había pasado la vida soñando con volar sin haber pisado nunca un avión. La noticia de su trabajo se extendió por la región, y lo que empezó como la improvisación de una sola familia se convirtió en la forma de arte funerario más conocida de Ghana, continuada hoy por sus descendientes en el Taller de Carpintería Kane Kwei.
Un funeral ghanés no te pide que olvides a la persona que murió: te pide que recuerdes exactamente quién fue.
De dónde viene todo esto
Investigaciones posteriores matizan ese origen tan ordenado, sin borrar el papel de Kane Kwei. El trabajo de campo de la antropóloga Regula Tschumi descubrió que, generaciones antes de Kane Kwei, los jefes ga ya eran enterrados en ataúdes figurativos que repetían la forma de sus palanquines ceremoniales: un privilegio reservado a la realeza. Lo que Kane Kwei hizo en realidad fue tomar una costumbre reservada a los jefes y ponerla al alcance de cualquiera que pudiera pagar a un carpintero, convirtiendo un símbolo de estatus real en un oficio que cualquier familia podía encargar para un padre, un hermano o un amigo querido.
Los ataúdes llegaron al mundo del arte internacional en 1989, cuando varias piezas aparecieron en Magiciens de la Terre, una exposición histórica en París que presentó por primera vez los abebuu adekai al público occidental como escultura, no solo como objetos funerarios. Los museos tomaron nota —el Museo Nacional de Historia Funeraria de Houston alberga hoy una de las mayores colecciones fuera de Ghana— y en la actualidad algunos coleccionistas encargan ataúdes de fantasía puramente como arte, sin ningún funeral de por medio, un uso que sus carpinteros originales nunca imaginaron.
Más allá de lo básico
Nada de esto sale barato. Un ataúd a medida suele costar entre 300 y más de 1000 dólares, una cifra enorme en un país donde buena parte de la población vive con apenas unos pocos dólares al día. Las familias suelen ahorrar durante años específicamente para este gasto, mucho antes de que nadie en la familia esté cerca de morir, porque en la cultura ga cómo te entierran dice algo permanente y público sobre cuánto se te quiso. Escatimar en un funeral, aunque sea sin intención, puede interpretarse como una falta silenciosa de respeto hacia quien murió.
Esa lógica solo tiene sentido una vez que se entiende el panorama completo: los funerales en el sur de Ghana raramente son asuntos discretos y privados. Son eventos importantes, costosos y deliberadamente públicos que pueden reunir a cientos de invitados, con telas a juego, música en vivo y baile, y a veces se retrasan semanas o meses tras la muerte solo para que la familia tenga tiempo de organizar una despedida a la altura de la persona homenajeada. El funeral en sí, más que el entierro, es lo que se trata como prioridad, y de ese terreno es exactamente de donde crece un ataúd con forma de lubina o de botella de refresco.
Ese mismo instinto —tratar la muerte como algo que se representa, no como algo que se esconde— aparece en un fenómeno mucho más reciente y sin relación directa, que buena parte del mundo ya ha visto: el vídeo de los "portadores bailarines" que se volvió viral globalmente en 2020, con la canción electrónica "Astronomia" de fondo. El grupo detrás del vídeo, liderado por Benjamin Aidoo y con base en la localidad de Prampram, no forma parte de ninguna costumbre funeraria ancestral: Aidoo lo empezó como un servicio normal de porteadores en 2003 y solo añadió la coreografía más tarde, llamando la atención internacional por primera vez gracias a un reportaje de la BBC en 2017. Es una innovación empresarial moderna, no un ritual centenario, pero nace del mismo instinto cultural que el ataúd tallado con forma de pez: aquí, el duelo no tiene por qué parecerse al silencio.

Qué debes saber si viajas
Algunos consejos si te interesan los talleres de ataúdes o asistes a un funeral en Ghana:
- Si te invitan a un funeral, pregunta a la familia por el código de vestimenta con antelación: el rojo y el negro suelen indicar luto, mientras que el blanco o los colores vivos pueden marcar la celebración de una vida larga y plena.
- Los funerales suelen celebrarse en sábado, a veces semanas o meses después de la muerte, así que no des por hecho que el entierro ocurre de inmediato.
- Talleres como el original Kane Kwei, en Teshie (Accra), reciben visitas, pero pide siempre permiso antes de fotografiar a los artesanos o los ataúdes que aún están en proceso.
- Si buscas un recuerdo en lugar de un ataúd a tamaño real, pregunta por las versiones en miniatura: varios talleres fabrican réplicas coleccionables pequeñas pensadas para visitantes.
- Llevar una pequeña aportación económica para los gastos del funeral es un gesto normal y esperado si asistes como invitado, incluso siendo extranjero.
- Trata la forma del ataúd con el mismo respeto que darías a cualquier costumbre funeraria: para la familia es un tributo sincero, no una broma.
El panorama completo
Lo que desde fuera parece la forma más extraña posible de enterrar a alguien —un cuerpo dentro de una botella de Coca-Cola gigante, porteadores bailando con un ataúd a hombros por la calle— resulta, mirado de cerca, una de las costumbres funerarias más literalmente emocionales del mundo. Insiste en que la forma concreta e irrepetible de la vida de alguien merece hacerse visible una última vez, en madera y pintura, antes de desaparecer para siempre.
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